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Conversamos con Eva Peñafiel, Directora Nacional de Aldeas Infantiles SOS Ecuador sobre Política de Salvaguarda / Cero Tolerancia

  • hace 21 horas
  • 5 min de lectura
  1. ¿Qué se entiende por salvaguarda y por qué es un componente fundamental dentro de una organización comprometida con la sostenibilidad?


La Salvaguarda específicamente la infantil y juvenil,  se define como la responsabilidad de una organización de tomar todas las medidas posibles para garantizar que su personal, representantes, operaciones y programas no causen daño ni expongan a riesgos a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes.


Es un componente fundamental de la sostenibilidad porque se integra directamente en los pilares Social (S) y de Gobernanza (G) de los criterios ESG/ASG. La razón de este vínculo radica en que una organización sostenible no solo busca rentabilidad, sino que requiere una estructura de gobernanza sólida que audite, rinda cuentas y garantice canales de denuncia seguros para supervisar el pilar social. Al asumir este compromiso real con el bienestar de las personas, la gobernanza corporativa asegura que las políticas de prevención no se queden en el papel, sino que se conviertan en un mandato institucional y ético. De esta manera, implementar la salvaguarda demuestra un liderazgo responsable, protege el activo más valioso —las personas— y asegura que la organización crezca mitigando riesgos legales y reputacionales, sin comprometer su integridad ni su viabilidad a largo plazo


  1. ¿Cuál es el objetivo de una política de "cero tolerancia" y qué beneficios aporta a la cultura organizacional y a la confianza de los grupos de interés?


La "cero tolerancia" es el compromiso de la organización para erradicar la normalización de cualquier forma de abuso, negligencia o explotación. En el tercer sector, donde se trabaja directamente con poblaciones en especial situación de vulnerabilidad, esta política actúa como un escudo ético inquebrantable; exige el reporte obligatorio de cualquier sospecha o preocupación —incluso sin pruebas definitivas—, garantizando que cada alerta reciba una respuesta inmediata, seria y responsable. No se trata solo de sancionar, sino de dejar claro que la dignidad de las personas está por encima de todo.


Para la cultura organizacional, esta política aporta un impacto transformador al consolidar un entorno de seguridad psicológica y apertura. Cuando todo el equipo humano: voluntarios, alta gerencia, saben que existen mecanismos claros y un respaldo real, se sienten seguros, motivados y capacitados para identificar y discutir abiertamente los riesgos. Esto eleva la competencia interna y crea un ambiente de cuidado mutuo.


En cuanto a los grupos de interés: comunidades beneficiarias, donantes, inversores, reguladores y el propio equipo, la tolerancia cero es el pilar de la confianza y la transparencia. Para una organización social, su reputación es su activo más valioso; publicar y cumplir rigurosamente con estos estándares demuestra un compromiso institucional firme. Esto no solo previene crisis y protege la imagen pública de la organización, sino que asegura a los cooperantes y aliados que sus recursos e intenciones están respaldados por una gestión íntegra y un entorno genuinamente protector.


  1. ¿Por qué la adopción de estándares internacionales ESG exige que las organizaciones implementen mecanismos de prevención, denuncia y respuesta frente a posibles vulneraciones de derechos y cuáles son los principales desafíos que enfrentan las organizaciones en el Ecuador?


La adopción de estándares ESG es fundamental para garantizar la sostenibilidad a largo plazo, ya que las entidades financieras y los inversores globales condicionan hoy su financiamiento al cumplimiento estricto de derechos humanos y condiciones laborales. Implementar mecanismos robustos de prevención, denuncia, respuesta y reparación no es solo un requisito regulatorio, sino una inversión estratégica que mitiga riesgos reputacionales y evita costos ocultos como sanciones o demandas que destruyen el valor de la empresa.


La adopción de estos estándares universales resulta clave para profesionalizar la gobernanza, permitiendo a las organizaciones superar desafíos locales críticos como las debilidades institucionales del entorno, los recursos limitados, las barreras culturales que normalizan conductas indebidas y el miedo generalizado a denunciar abusos de poder.


  1. ¿De qué manera la protección de los derechos humanos y la creación de entornos seguros pueden generar valor para una organización y sus grupos de interés a largo plazo?


La creación de entornos seguros es un pilar indispensable para la garantía efectiva de los derechos humanos y el aseguramiento de la protección de la población atendida, constituyéndose en un factor clave para su bienestar y desarrollo. Al estructurar espacios que resguarden la dignidad humana de manera prioritaria, las organizaciones mitigan de raíz los riesgos de vulneración y consolidan una sólida licencia social que les otorga la aceptación y el respaldo directo de las comunidades locales.

Esta cultura de protección integral impacta positivamente en la eficiencia operativa al reducir la rotación de personal y los litigios, mientras funciona como un factor de diferenciación competitiva frente a un entorno global que exige coherencia ética. En última instancia, priorizar la seguridad y la defensa de los derechos de las personas no solo previene crisis de reputación y atrae inversiones sostenibles, sino que transforma a la organización en un referente social clave para la construcción de una sociedad más justa, equitativa y verdaderamente protectora.

 

  1. ¿Qué aprendizajes podrían adoptar las organizaciones para fortalecer sus propios sistemas de prevención, denuncia y respuesta ante riesgos sociales y de derechos humanos?


Para fortalecer sus sistemas de prevención, denuncia y respuesta ante riesgos sociales y de derechos humanos, las organizaciones deben adoptar cinco aprendizajes clave de los estándares internacionales. En primer lugar, es necesario implementar una prevención basada en riesgos mediante mapeos locales y análisis transversales que evalúen el impacto operativo en grupos vulnerables. Asimismo, se debe institucionalizar la salvaguarda integrándola de forma real en la cultura y procesos esenciales como: presupuestos, reclutamiento seguro, capacitación continua e inducciones obligatorias. Por otra parte, resulta fundamental establecer sistemas seguros de denuncia con canales accesibles, confidenciales e independientes que garanticen respuestas en menos de 24 horas. Ante cualquier incidente, el esquema debe aplicar un enfoque centrado en la víctima que priorice sus necesidades, esté informado en el trauma y evite la revictimización. Finalmente, la mejora continua es indispensable, por lo que se deben realizar auditorías externas regulares y usar las lecciones aprendidas para actualizar las políticas.

 

  1. Desde Aldeas Infantiles SOS Ecuador, ¿qué mensaje compartiría con las empresas ecuatorianas que buscan fortalecer su compromiso con la sostenibilidad?


Desde Aldeas Infantiles SOS Ecuador, nuestro mensaje para las empresas es que la sostenibilidad y la responsabilidad social no se construyen con discursos, sino con herramientas formales, métricas rigurosas y una cultura activa de rendición de cuentas. Es importante transitar de un enfoque puramente "reactivo y legalista" que busca cumplir lo exigido por la ley, hacia una gestión con enfoque de salvaguarda, donde la protección de los derechos humanos y el bienestar de los grupos más vulnerables sean el núcleo de la estrategia para generar confianza y asegurar la sostenibilidad institucional a largo plazo.

El llamado al sector empresarial a asumir activamente que la protección de la infancia y de las familias en situación de vulnerabilidad es un desafío corresponsable que demanda alianzas intersectoriales sólidas. Fortalecer el pilar social de las estrategias ESG no es solo una ventaja competitiva para atraer talento y capital, sino un imperativo ético que debe traducirse en inversiones con propósito, dirigidas estratégicamente hacia organizaciones sociales que tengan la salvaguarda firmemente integrada como su estándar de gestión. Al respaldar estas prácticas e integrar la protección en el corazón de sus propias operaciones, las empresas se consolidan como actores clave para la construcción de entornos seguros, protectores e inclusivos, garantizando un presente digno y un futuro con oportunidades para las próximas generaciones de nuestro país.

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