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Conversamos con Romina Cozzani, Representante País CISP Ecuador



1. ¿Cómo ha evolucionado la cooperación internacional en las últimas décadas?


Desde los años 60 hasta nuestros días, la cooperación internacional ha ido cambiando conforme las transformaciones socio-geo-políticas a nivel mundial. La globalización, la tecnificación y avance de la tecnología, las telecomunicaciones – por nombrar algunos elementos - han generado particulares relaciones e interrelaciones a nivel transnacional entre los distintos continentes, y con ellos, actores sociales, políticos y económicos. Estos cambios, claramente, implicaron una revisión de las relaciones entre los distintos Estados y continentes, así como las clásicas relaciones Norte-Sur.


Asimismo, a la luz de los éxitos y fracasos que venía experimentando el sistema capitalista, el concepto de desarrollo fue analizado, revisado y puesto en debate. De un concepto de desarrollo de corte eurocentrista y unidireccional, llegamos entonces al siglo XXI confirmando que el desarrollo, para lograr soluciones duraderas, debe ser sostenible en el tiempo y, para ello, debe necesariamente constituirse como un mecanismo integral que aglutine las esferas sociales y económicas, en clave ambiental, que sea inclusivo (que nadie se quede atrás) y en respeto de los derechos humanos y de la naturaleza.


Desde una mirada antropológica podemos decir que estas transformaciones en las relaciones sociales y geopolíticas también permitieron reconsiderar “las distintas miradas y voces” de las poblaciones que habitan los diferentes continentes. Al punto que algunas organizaciones han adoptado, como enfoque para la gestión e implementación de proyectos, el enfoque del desarrollo guiado por la comunidad (Community-Driving Development o CDD), que parte del presupuesto de que las comunidades son quienes mejor saben cómo mejorar sus vidas y sus medios de subsistencia y que con un correcto acompañamiento, información y recursos adecuados, pueden organizarse para afrontar las dificultades y satisfacer sus necesidades.


2. ¿De qué manera contribuye la cooperación internacional al Desarrollo Sostenible?


Desde los inicios de la conceptualización de la cooperación internacional, de acuerdo a la Carta de Naciones Unidas de 1945, los Estados miembros acordaron fomentar relaciones de cooperación que permitieran llegar a pactos para lograr objetivos comunes como, por ejemplo, la paz, el respeto de los derechos humanos y el desarrollo. Este instrumento, así como otras instancias, pactos y acuerdos que se dieron luego, sentaron las bases para el diseño de los Objetivos del Milenio y luego, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, conocidos a través de la Agenda 2030, que es la agenda u hoja de ruta que plantea acercarnos a 17 objetivos que versan sobre poner fin a la pobreza, proteger el planeta y mejorar las vidas y las perspectivas de las personas en todo el mundo, con la meta de cumplirlos hasta el año 2030. La cooperación internacional, por supuesto, orienta sus acciones y operaciones con el objetivo de apoyar la consecución de dichas metas. Por otro lado, el rol de la cooperación internacional es aquel de contribuir al fortalecimiento de las capacidades de los Estados y la Sociedad Civil en esta misma línea.



3. ¿Cómo ve el panorama actual de la Cooperación Internacional en el Ecuador?


Ecuador actualmente es un país de renta medio-alta y, por lo tanto, de acuerdo a ciertos parámetros que manejan las grandes instituciones financieras y/o donantes, el volumen de cooperación que se destina es modesto. Claramente, esto varía en ocasión de crisis, sean éstas humanitarias, sociales, económicas o políticas. En estas ocasiones, se activan determinadas líneas de cooperación ad hoc que se suman a los programas corrientes de fomento al desarrollo. En la actualidad, el Ecuador, y las distintas instituciones públicas, presentan apertura y disponibilidad a coordinar acciones de la mano de organizaciones internacionales que cuentan con adecuada y sólida experiencia para gestionar recursos e implementar acciones en línea con las prioridades gubernamentales. Sin embargo, todavía hay mucho desconocimiento sobre las oportunidades que puede representar la cooperación internacional a la hora de afrontar ciertas temáticas. Oportunidades que muchas veces se pierden, esfuerzos que se duplican o no logran el impacto esperado. Es necesario entonces que desde el Estado se fortalezcan las capacidades de funcionarios/as y técnicos/as gubernamentales para lograr optimizar recursos y potenciar acciones conjuntan que redunden en beneficio de los sectores o comunidades más vulnerables o necesitadas.


4. ¿Qué oportunidades pueden encontrar las ONG y el sector privado de trabajar juntos para obtener recursos de la Cooperación internacional?


Ya la Agenda 2030 insta a todos los actores y partes interesadas, a la par de los Estados, la sociedad civil, el sector privado, la academia, etc. a que cooperen hacia un mismo (o mismos) fin. Sobre esta base, los distintos programas promovidos por donantes internacionales también instan a las agencias y organismos de cooperación a formar alianzas con los stakeholders presentes en el territorio a intervenir. De esta manera, entes locales, universidades, sector privado son actores esenciales a la hora de formar consorcios junto a organizaciones internacionales. El objetivo es que cada institución o sector ponga al servicio de la acción sus competencias y experticias en la materia que les compete, creando sinergias win-win favorables al territorio con un enfoque de desarrollo sostenible.


5. ¿Qué recomendaciones les daría a las ONG y al sector privado para acceder a fondos de la Cooperación Internacional? ¿Puede mencionar algunas fuentes?


Siguiendo con el desarrollo de oportunidades, se convierte en una buena práctica el fomentar las alianzas estratégicas entre las organizaciones internacionales y el sector privado para acceder a fondos de la cooperación internacional. Sin lugar a dudas, el sector privado tiene mucho que aportar en cuanto a técnicas y métodos de calidad y cualidad de la producción, desarrollo de mercados y nichos de comercialización, optimización de recursos y gestión de tecnologías y talento humano, por nombrar solo algunas. Las organizaciones internacionales, por su parte, cuentan con la experiencia en la identificación y diseño de programas y proyectos de cooperación, y en la implementación y evaluación de los mismos, a partir de los procedimientos y contratos con donantes internacionales. Esta experiencia es sustancial e imprescindible para garantizar una correcta ejecución de los fondos. Sin embargo, la complementariedad con el sector privado se vuelve un imperativo si adherimos a los preceptos de la Agenda 2030. Invito vivamente, tanto a las empresas como a las ONG, a generar canales de comunicación y diálogo que permitan conocer las acciones de cada una y buscar complementos en sus operaciones, sinergias que redundarán claramente en acciones con mayor y mejor impacto.