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Conversamos con María Moreno de los Ríos, Directora País de CARE ECUADOR sobre Gestión de Riesgos

  • hace 17 horas
  • 4 Min. de lectura

En un Ecuador marcado por eventos adversos de origen natural y antrópico, —desde sequías sin precedentes, inundaciones catastróficas, contaminación por derrame de hidrocarburos, impactos por sismos, etc.—, la gestión del riesgo ha dejado de ser una tarea opcional para convertirse en el núcleo de la supervivencia institucional y social. A continuación, compartimos nuestra visión sobre cómo transformar este desafío en una oportunidad de desarrollo.


1. ¿De qué forma inciden los riesgos en el desarrollo económico y social del país?


Desde la perspectiva de CARE, la gestión del riesgo no es un "añadido" a la planificación, es la herramienta político-técnica fundamental para asegurar la sostenibilidad del proceso de desarrollo. Sin una gestión integral, con cada desastre se borran años de inversión pública y privada. Cuando un evento adverso impacta, no solo se pierde infraestructura, se fractura el tejido social y se detiene la economía. Por ello, gestionar el riesgo es decidir políticamente que el desarrollo alcanzado no se destruya, garantizando que el progreso sea verdaderamente duradero.


2. ¿Cuáles son los aspectos críticos que enfrenta la gestión de riesgos en el Ecuador hoy?


Un análisis de la Ley Orgánica para la Gestión Integral del Riesgo de Desastres (LOGIRD) y su Reglamento revela que el país está en una etapa de transición crítica, con un cumplimiento desigual:


  • Cumplidas: Se ha logrado la expedición del Reglamento General (Septiembre 2024) y se ha mantenido a la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) como ente rector.


  • En proceso/Críticas: 

    • La obligación de los GADs a actualizar sus Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT) integrando la gestión del riesgo presenta brechas de implementación.

    • Los cambios en la estructura sectorial del país (ministerios) dejan brechas en las herramientas de atención de emergencias (Responde EC y Manual de COE).

    • Los elementos de gobernanza no han podido ser operativizados, aunque se han identificado pasos y acuerdos iniciales.

    • La normativa técnica para operativizar los incentivos económicos y los mecanismos de contribución del sector privado aún están en fase de desarrollo.


El aspecto más crítico es la velocidad y la capacidad de posicionar a la gestión del riesgo en la agenda política intersectorial: las amenazas corren más rápido que la capacidad administrativa para cumplir estos elementos fundamentales que se encuentran dispuestos en la Ley.


3. ¿Cómo transformar la respuesta reactiva en una verdadera cultura de acción anticipada?


Para CARE, la clave reside en el modelo de Acción Anticipatoria. No podemos esperar a que el desastre ocurra para movilizar recursos. Basándonos en los pilares del Anticipation Hub, proponemos tres ejes:


  1. Sistemas de Previsión y Monitoreo: Usar la ciencia para definir umbrales claros antes de que el evento impacte.

  2. Actividades Pre-acordadas: Planes operativos listos para ejecutarse en el momento en que se cruza el umbral de alerta.

  3. Financiamiento Pre-establecido: Fondos que se liberan automáticamente con la alerta, no con la tragedia.

Transformar la cultura significa entender que actuar antes es éticamente más humano y financieramente siete veces más barato que responder después.


4. ¿Cómo asegurar que las alertas tempranas lleguen efectivamente a los más vulnerables?


Debemos romper el paradigma de que la Alerta Temprana es solo para emergencias. La Alerta Temprana debe ser parte de las decisiones cotidianas de las personas, integrada en sus medios de vida y rutinas. La alerta debe producirse desde las comunidades; ellas deben ser las generadoras de información, utilizando su conocimiento ancestral y territorial para alimentar el sistema nacional. Un sistema que no nace de la comunidad, difícilmente será escuchado por ella.


5. ¿Cómo lograr una respuesta cohesionada entre el sector privado, academia y Estado?


El sector privado ya no es un invitado "solidario", es un actor con obligaciones y derechos según la LOGIRD. Para lograr cohesión, debemos:

  • Entender la co-responsabilidad: La ley exige Planes de Autoprotección y continuidad de la operación. El sector privado debe ver esto como un mecanismo para asegurar su propia inversión.

  • Optimizar recursos: Acciones de integración deben ser las plataformas donde se compartan costos de información y acciones comunes. Es ineficiente que cada actor genere sus propios elementos de gestión. La academia puede generar la ciencia, el Estado la rectoría y el sector privado la logística, evitando la duplicidad de esfuerzos que históricamente ha diluido el impacto de la respuesta.

Un gran ejemplo de esta articulación es el Centro Ecuatoriano para la Resiliencia Empresarial ante Desastres que estamos impulsando junto con CERES, CIP, la USFQ, Fundación Raíz y algunas de las empresas más relevantes del país.


6. ¿Qué modelos de gestión de riesgo se proponen para asegurar asistencia inmediata?


La gestión del riesgo debe ser integral, cubriendo los procesos prospectivos, correctivos, reactivos y de recuperación. Al observar el panorama global, CARE identifica aprendizajes clave en diversos modelos:


  • Modelo Japonés: Un referente en gestión preventiva y educación ciudadana desde la infancia.

  • Modelo Sueco: Basado en umbrales de aceptación del riesgo, donde la sociedad decide colectivamente qué riesgos tolera y cuáles no.

  • Modelo Francés: Centrado en la reducción técnica de las vulnerabilidades generadas por las amenazas en el territorio.

  • Modelo privado: con el ejemplo del Philippine Disaster Resilience Foundation (PDRF), como el principal coordinador del sector privado del país en materia de gestión del riesgo y reducción de desastres.

  • Modelo de Aseguradoras: Enfocado en la reposición financiera de valores de bienes asegurables para una recuperación rápida.

 

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