Conversamos con Evangelina Gómez-Durañona, Directora Ejecutiva de CERES, sobre las tendencias de Sostenibilidad 2026
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Actualizado: hace 4 días

1. En 2026 se habla mucho de sostenibilidad, pero también de cierto cansancio frente al tema. ¿Estamos ante un retroceso o ante un punto de inflexión?
Estamos claramente ante un punto de inflexión. En 2026 la sostenibilidad deja de ser una conversación aspiracional para convertirse en una conversación de decisiones estratégicas. Ya no se trata de “hacer algo” en sostenibilidad, sino de definir cómo se gobierna, quién responde por ella y cómo se integra en la operación diaria. El cansancio aparece cuando la sostenibilidad se gestiona como una lista de buenas intenciones; desaparece cuando se conecta con riesgos reales y decisiones concretas.
¿Qué hacer frente a esto? El primer paso es sacar la sostenibilidad del discurso general y llevarla a los espacios donde se toman decisiones: planificación estratégica, gestión de riesgos, compras, inversiones y evaluación de desempeño. Cuando una organización entiende que hablar de sostenibilidad es hablar de continuidad del negocio, de costos futuros y de relaciones con el entorno, deja de verla como una carga adicional y empieza a tratarla como una herramienta de gestión.
2. ¿Cuál es el principal error que siguen cometiendo empresas y organizaciones cuando abordan la sostenibilidad?
El error más común es seguir pensando que la sostenibilidad se valida hacia afuera, cuando en realidad se construye hacia adentro. Muchas organizaciones invierten tiempo en mensajes, reportes o campañas, pero no en revisar sus procesos, incentivos y decisiones cotidianas. En 2026, ese desfase se nota rápidamente y genera desconfianza.
¿Qué hacer distinto? Empezar por ordenar la casa. Identificar los principales riesgos ambientales y sociales del negocio, priorizarlos y asignar responsables claros. Definir indicadores simples pero relevantes, y usarlos para tomar decisiones, no solo para reportar. La sostenibilidad deja de ser frágil cuando está respaldada por procesos, datos y rendición de cuentas. Sin eso, cualquier relato queda expuesto.
3. ¿Qué cambios concretos deberían estar implementando hoy las empresas si quieren seguir siendo competitivas en 2026?
Hay cambios muy concretos que ya no pueden postergarse. El primero es fortalecer la gobernanza: la sostenibilidad debe estar en la agenda del directorio o del máximo órgano de decisión, con seguimiento periódico y responsabilidades definidas. El segundo es mirar más allá de la operación directa. En muchos casos, los mayores riesgos están en la cadena de valor: proveedores informales, brechas laborales, impactos territoriales no gestionados.
¿Qué hacer en la práctica? Mapear la cadena de suministro, identificar puntos críticos y trabajar con proveedores en lugar de ignorarlos o simplemente exigirles. Invertir en capacitación, trazabilidad y estándares mínimos no es filantropía; es gestión de riesgo. Y, finalmente, fortalecer la gestión de información: sin datos básicos sobre consumos, emisiones, condiciones laborales o relación con comunidades, no hay decisiones sólidas ni credibilidad posible.
4. ¿Cómo cambia el rol de la sostenibilidad frente al acceso a financiamiento y mercados en 2026?
En 2026 la sostenibilidad opera como un filtro cada vez más explícito. Bancos, inversionistas y compradores ya no solo miran resultados financieros pasados, sino la capacidad de la empresa para gestionar riesgos futuros. Esto incluye exposición climática, conflictos sociales, cumplimiento ambiental y calidad de la gobernanza.
¿Qué deberían hacer las organizaciones? Dejar de ver la sostenibilidad como una conversación paralela y empezar a integrarla a su análisis financiero y comercial. Traducir impactos ambientales y sociales en riesgos operativos, costos potenciales y escenarios futuros. Prepararse para responder preguntas incómodas con datos claros. Las empresas que hagan este trabajo con anticipación tendrán mejores condiciones de financiamiento y mayor estabilidad comercial. Las que no, enfrentarán mayores costos y restricciones.
5. ¿Qué papel juegan la tecnología y la innovación en la sostenibilidad de 2026?
La tecnología es una aliada poderosa, pero solo cuando responde a una estrategia clara. En 2026 ya quedó demostrado que incorporar herramientas digitales sin una base sólida de datos y procesos genera frustración y poco impacto. La innovación útil es la que ayuda a anticipar riesgos, mejorar eficiencia y hacer más transparente la operación.
¿Qué hacer entonces? Empezar por lo básico: ordenar información, definir qué se quiere medir y para qué. Luego, usar la tecnología para fortalecer la toma de decisiones, no solo para automatizar reportes. Sistemas de monitoreo ambiental, trazabilidad social o análisis de riesgos pueden marcar una gran diferencia si están bien integrados. La clave está en que la tecnología acompañe a la gestión, no que la reemplace.
6. Finalmente, ¿qué mensaje clave deberían llevarse las empresas que quieren liderar en sostenibilidad en 2026?
Que la sostenibilidad no es un proyecto adicional, sino una forma de gestionar la complejidad del presente. Liderar en sostenibilidad en 2026 implica asumir que el entorno es más exigente, más informado y menos tolerante a la incoherencia. Las organizaciones que entiendan esto no solo reducirán riesgos, sino que construirán relaciones más sólidas con sus públicos.
¿Qué hacer desde hoy? Tomar decisiones informadas, asignar responsabilidades claras y aceptar que no todo se resuelve de inmediato. La sostenibilidad se construye paso a paso, pero requiere convicción y consistencia. En un contexto volátil, esa consistencia es una de las mayores ventajas competitivas que una organización puede desarrollar. No olvidarse de identificar oportunidades de alianza con la sociedad civil y la academia. Y sobre todo: acelerar el paso, nos estamos quedando atrás!





