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THE NATURE CONSERVANCY: 24 de Mayo se convierte en Área de Protección Hídrica

  • hace 15 horas
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En este cantón, ubicado en la parte sur de la provincia de Manabí, las juntas de agua, el GAD y otros actores, se preparan y se proyectan para lo que será la declaratoria de Área de Protección Hídrica de la zona.


24 de Mayo es uno de los 22 cantones de la provincia de Manabí, en plena costa ecuatoriana. Es una zona de naturaleza, donde el verde de los árboles se conjuga con caminos estrechos, cubiertos de piedra y polvo, sobre todo en épocas de pocas lluvias. Este es también un territorio de paisajes impresionantes, con montañas que forman parte de las estribaciones de la cordillera costanera, que se ven imponentes e imperturbables, como cuadros de paisajismo romántico de inicios de siglo XX. Hay una magia ahí, no hay manera de dudarlo. Del tipo que se replica en su gente, en la forma que se llevan y que tratan al visitante.


Es ahí, en los poblados que integran el cantón, que el agua fluye. En las parroquias Sucre, Bellavista, Noboa y Sixto Durán Ballén, el agua viene del suelo y llega a las casas a través de tubos, por lo que se la llama “agua entubada”. Y si bien hay conciencia para la protección de estas fuentes hídricas, es importante un mayor compromiso.


Así aparecen en escena el Fondo de Agua para la Conservación del río Daule (Fondagua) —fideicomiso creado para proteger y restaurar las fuentes de agua que alimentan los sistemas hídricos de la cuenca del río Daule —, The Nature Conservancy (TNC) Ecuador — que brinda apoyo técnico y promueve iniciativas de conservación de fuentes hídricas en coordinación con actores públicos y locales — y Andes Amazon Fund —que apoya procesos de conservación y fortalecimiento de áreas protegidas y territorios indígenas—. En conjunto, estas instituciones contribuyen a la protección de las fuentes de agua para consumo humano en 24 de Mayo y han acompañado técnicamente, junto con el Gobierno Autónomo Descentralizado (GAD) del cantón, el proceso liderado por el Ministerio de Ambiente y Energía (MAE), para la declaratoria del Área de Protección Hídrica (APH) del cantón.


¿Cuál es la ventaja del APH? De acuerdo con Lorena Coronel, coordinadora de Cuencas Hidrográficas Resilientes de TNC, y con Mario García, secretario técnico de Fondagua, los beneficios son varios: un APH protege el agua, mejora la calidad de vida de los habitantes de las zonas, reduce y previene riesgos y promueve el desarrollo sostenible de las más de 26 mil hectáreas que forman parte del APH. Además, permite el desarrollo de un componente de educación ambiental necesario. Y para esto la figura de las juntas de agua es determinante.


Estas juntas de agua están alrededor de ciertas microcuencas hidrográficas, donde tienen agua por captación, por pozos, o que se bombea una parte para dotación del líquido de uso doméstico a la familia —cuenta Evaristo Calle, director de Planificación, Desarrollo y Participación Ciudadana del GAD de 24 de Mayo.


Las juntas de agua son la parte administrativa de estos pequeños sistemas de agua y 24 de Mayo tiene 20, de las cuales ha trabajado con cinco para el APH.  Existe ya un registro de ellas, con archivos cartográficos, fotografías que identifican a detalle dónde están ubicadas, así como la forma en que funcionan; así se ha dejado todo listo para la declaratoria de APH.


El ejemplo de La Pita


Llegar a La Pita es encontrar una comunidad dispuesta a proteger el agua que llega a sus casas por un sistema de tubos con casi 10 años de existencia.


            —El agua de aquí sale de una roca y de ahí pasa a un pozo somero que hicimos, con un tope —dice Bélgica Arteaga, tesorera de la junta de agua de La Pita.

El sistema es sencillo: el agua subterránea que sale de la piedra —a través de un pequeño chorro— queda retenida en una suerte de pozo natural. A través de un pequeño tubo de PVC —Policloruro de vinilo— pasa a un pozo hecho por ellos, profundo, donde una bomba sumergible es la encargada de llevar el agua, por medio de otros tubos PVC, a una cisterna en la parte alta de la comuna. Las 54 casas del lugar están ubicadas a varias alturas, por lo que la gravedad permite que llegue a cada una de las viviendas, cuando se abre la llave.


Cada vivienda tiene un medidor que contabiliza el consumo del líquido, que en promedio se cobra a 60 centavos de dólar el metro cúbico.


El promedio es de seis a siete metros cúbicos por mes dice Lady Piguave, la operadora en la junta de agua. Ella es la responsable de encender la bomba dos veces al día y de estar atenta a cualquier daño. Su sueldo es de 60 dólares mensuales. Eso se hace más o menos entre cuatro a cinco dólares por familia.


Si bien hay un sistema funcionando, eso no significa que no haya asuntos que resolver. Por ejemplo, hace un año y medio llevaron muestras de agua para su análisis y descubrieron que tenía contaminación por heces fecales, presumiblemente de animales. A esto se le suma la falta de cuidado de los árboles en las partes altas de la comunidad lo que ayuda a que el agua se almacene mejor, una dificultad que han debido enfrentar.


Ahora ya entendemos que para tener agua acá debemos cuidar la parte de arriba señala Bélgica hacia el cerro a su izquierda. Ese cuidado hace referencia a los talleres de capacitación que han recibido por parte de Fondagua y que les ha permitido tener claro que no se pueden talar árboles y no sembrar ninguno.

Si no hacemos eso, se van a secar las vertientes —dice Aracely Macías, que es la secretaria de la junta. 


Otras comunidades y el manejo del agua


En recintos como Jaboncillo, La Guinea, y en la parroquia Noboa, el abastecimiento, distribución y mantenimiento del agua se enfrenta a dilemas puntuales.

El caso de Jaboncillo sorprende. De las 120 familias que integran la comunidad y que reciben el servicio del agua —que viene de tres pozos, aunque a inicios de junio no funcionaba uno de ellos—, solo el 10% paga por el líquido que llega a sus casas.


En un mismo lugar hay tres casas que son de gente de una misma familia, y no son capaces de reunirse y decir que van a pagar lo que deben—dice Juan Pincay, que es el operador de la junta de agua de Jaboncillo


Es difícil el tema de la facturación, aporta a la conversación Jinsop Mieles, habitante de Jaboncillo y profesor del colegio de la zona. Hay una deuda de 465 dólares y el último mes sacó un promedio de 6,60 metros cúbicos de consumo de agua.


¿Cuántos meses no habrán pagado para que, con ese promedio mensual, deban 465 dólares?


En Jaboncillo, el metro cúbico de agua tiene un costo de 30 centavos de dólar. Y como en el resto de 24 de Mayo, el agua que viene de la tierra no es para el consumo humano. Para cocinar y beber usan agua de bidones, envasada por empresas en parroquias cercanas.


            —Necesitamos mejorar la calidad del agua porque estamos autoengañándonos consumiendo agua de bidón, que tampoco es la mejor opción porque nada nos garantiza que esa agua se pueda consumir —dice Mieles.  Afirma que el agua llega con olor a hierro y sucia; y que tiene un sedimento de cuatro centímetros de alto en el tanque azul que tiene en su casa para almacenar el líquido.


Por su lado, en La Guinea, hay agua subterránea, mucha. Eso es lo que asegura Juan Jordani Pincay, uno de los habitantes del lugar y que es beneficiario del servicio que da la junta de agua. De las 180 familias que viven ahí, 120 reciben el agua entubada; el resto, por estar muy lejos, han buscado sus propias vertientes y pozos.


            —Nosotros tenemos esa conciencia de cuidado del agua por nuestro papá —dice Pincay —. A unos vecinos que tenían una finca al lado de nosotros, mi papá les dijo un día


“Ustedes son enemigos del agua”, porque habían desbrozado hasta la orilla de la vertiente. “¿Por qué desbrozan hasta ahí? Desbrocen, pero cinco o 10 metros más atrás, pero no por acá”, les dijo. Mi papá siempre peleaba eso. Yo aprendí que el agua es importante y que su protección es valiosa —dice Juan Jordani, desde la sala de su casa.

El agua en La Guinea viene de una vertiente llamada El Salto de la Guinea, una caída de agua que hace 40 años se formó en los terrenos de sus abuelos paternos. El sistema es parecido en todas las comunidades; aquí la gravedad hace que el agua llegue a las casas; es decir, no hay bombeo. El pago es de una tarifa estándar de cuatro dólares por vivienda.


Uno de los problemas en esta zona es el manejo de desperdicios. La basura aparece en las calles, en el suelo, afuera de las casas. En La Guinea, debido a la tala de árboles para la venta, se lanza residuo de madera a las vertientes y eso hace que se sequen porque el agua no circula.


Por otro lado, en la parroquia Noboa no hay basura a la vista en calles, aceras, ni en ninguna orilla de ningún río; es más, se jactan de eso.


            —Aquí no se tira basura. Cuidamos eso bastante porque nuestros abuelitos nos enseñaron a no tirar basura al río —dice Raúl Solórzano, presidente de la junta de agua.

En Noboa hay 300 casas y dos pozos de 45 metros de profundidad, con bombas sumergibles, son los encargados de dotarlas de agua. Cada seis meses se limpian los pozos y a pesar de que desde hace 15 años no funciona una pequeña planta de tratamiento que tenían, hierven el agua entubada para el consumo. Con tres dólares al mes, las familias reciben el líquido.


            —El problema esencial que tenemos es que hay tuberías que tienen más de 30 años y tienen que ser reemplazadas —dice Solórzano.


Frente a estas realidades, la declaratoria del APH es la oportunidad de mejorar la relación con el agua, pero también la posibilidad de que aquellas comunidades que no funcionan en armonía empiecen a entender lo que deben hacer para tener un mejor líquido en sus casas y cuidarlo para que siga existiendo. No solo va por lo que las autoridades pueden hacer, es lo que las personas pueden hacer por sí mismas.


La declaración de Área de Protección Hídrica es un compromiso en conjunto, para que el agua aumente su brillo y no desaparezca.


Frente a estas realidades, la declaratoria del Área de Protección Hídrica representa una oportunidad para fortalecer la relación entre las comunidades y el agua, promoviendo acciones que contribuyan a su cuidado y uso responsable. La conservación de bosques, nacientes, quebradas y zonas de recarga hídrica es fundamental para garantizar la disponibilidad de agua segura, ya que son estos ecosistemas naturales los que permiten captar, almacenar y regular este recurso esencial para la vida de las comunidades. En este sentido, más allá de las acciones de las instituciones, el éxito del APH depende del compromiso cotidiano de las personas para proteger la naturaleza y adoptar prácticas que aseguren el agua para las generaciones presentes y futuras.

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