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LABORATORIOS BAGÓ: Más rendimiento, menos desgaste, el desafío de la salud mental en la era de la inteligencia artificial

  • hace 16 horas
  • 3 Min. de lectura

●       Desde Laboratorios Bagó del Ecuador se plantea cómo usar la IA para optimizar el desempeño sin sacrificar la salud mental, en un escenario donde el estrés laboral y la sobrecarga cognitiva siguen en aumento a nivel global.


La inteligencia artificial (IA) está transformando la forma en que entendemos el rendimiento humano. Hoy, su alcance va más allá de la automatización de tareas: permite analizar en tiempo real variables como la atención, la carga cognitiva y los patrones de toma de decisiones. En este nuevo escenario, el desafío no es únicamente mejorar la productividad, sino hacerlo sin comprometer la salud mental.


De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cerca del 15% de la población en edad laboral vive con algún trastorno mental, mientras que el World Economic Forum proyecta que la resiliencia, la gestión emocional y el pensamiento crítico serán habilidades esenciales en entornos cada vez más mediados por IA. Estos datos reflejan una realidad ineludible: el rendimiento sostenible dependerá tanto de la tecnología como del equilibrio emocional de las personas.


En este contexto, la IA abre oportunidades para una gestión más inteligente del desempeño. Su capacidad para identificar patrones permite anticipar señales de fatiga mental, optimizar cargas de trabajo y personalizar ritmos según perfiles cognitivos. Esto no solo mejora la eficiencia, sino que puede prevenir errores críticos y reducir el desgaste acumulado.


Sin embargo, este potencial también implica riesgos si no se gestiona con criterio. La hiperoptimización (la búsqueda constante de máximo rendimiento) puede generar presión sostenida, menor autonomía y dependencia tecnológica. En este contexto, la OMS ha advertido sobre la necesidad de proteger la autonomía y el bienestar de las personas frente al uso creciente de herramientas de inteligencia artificial en salud y entornos conversacionales.


Frente a este escenario, el concepto de “alto rendimiento” debe evolucionar. Ya no puede medirse únicamente en términos de velocidad o productividad, sino en su capacidad de sostenerse en el tiempo sin deteriorar la salud mental. Esto implica incorporar indicadores que integren desempeño cognitivo, estabilidad emocional y capacidad de recuperación.


Desde esta perspectiva, un uso responsable de la inteligencia artificial debería orientarse a:


● Usarla para reducir la carga mental, delegando tareas repetitivas y liberando tiempo para actividades que requieren criterio humano y creatividad

● Detectar a tiempo señales de estrés o fatiga, aprovechando la IA para anticipar el desgaste antes de que afecte la salud

● Tomar decisiones con apoyo, no con dependencia, manteniendo siempre el juicio humano como eje principal

● Poner límites en su uso diario, evitando la sobreexposición y la necesidad constante de recurrir a herramientas digitales

● Proteger la información personal, especialmente cuando se trata de datos relacionados con la salud


“La inteligencia artificial tiene el potencial de convertirse en un aliado estratégico para el bienestar, siempre que su uso esté centrado en la persona. El verdadero indicador de alto rendimiento no es hacer más, sino sostener la salud mental en el tiempo”, señala la Dra. Carla Cevallos Msc., Jefe de Seguridad, Salud y Ambiente de Laboratorios Bagó.


El futuro de la salud mental en la era digital no dependerá únicamente del avance tecnológico, sino de la forma en que lo integremos en la vida cotidiana y en los entornos laborales. La IA puede medir, predecir y optimizar el rendimiento como nunca antes, pero su valor real radica en contribuir a un modelo más humano, donde la eficiencia y el bienestar no compitan, sino se potencien mutuamente.

 

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