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INNOVA SCHOOLS: Nuevo colegio, nuevos amigos, cómo acompañar a los estudiantes en esta transición

  • hace 24 horas
  • 4 min de lectura

Empezar clases en un colegio nuevo representa mucho más que cambiar de aula. Para niños, niñas y adolescentes implica adaptarse a nuevos espacios, docentes, metodologías, rutinas y compañeros. Aunque este proceso puede vivirse con entusiasmo, también es común que durante las primeras semanas aparezcan nervios, inseguridad, temor a no encajar o dificultad para construir nuevas amistades. Cada estudiante atraviesa esta transición a su propio ritmo, por lo que el acompañamiento de la familia y del entorno escolar es fundamental para que la adaptación se produzca de manera progresiva y saludable.


“Cambiar de colegio implica reconstruir referencias, vínculos y rutinas. Por eso, durante las primeras semanas es importante acompañar a los niños con cercanía, escucha y paciencia, sin presionarlos para que se adapten inmediatamente. Sentirse comprendidos y saber que cuentan con adultos disponibles les permite enfrentar esta transición con mayor seguridad”, explica Karen Yépez Directora de Aprendizaje de Innova Schools.


En este contexto, la especialista en bienestar socioemocional destaca algunos elementos que es importante tener en cuenta durante esta etapa:


Principales cambios que enfrentan los niños al llegar a un nuevo colegio


●      Nuevas relaciones sociales: Uno de los mayores desafíos suele ser integrarse a un grupo de compañeros que, en algunos casos, ya ha construido vínculos previamente. Para los niños puede existir preocupación por encontrar amigos, participar en juegos, iniciar conversaciones o sentirse aceptados. Estas relaciones necesitan tiempo para desarrollarse y no todos los estudiantes socializan al mismo ritmo.


●      Nuevas rutinas y formas de aprendizaje: Cada institución tiene horarios, normas, metodologías y dinámicas propias. Adaptarse a una forma distinta de organizar las clases, realizar actividades o relacionarse con los docentes puede generar inicialmente incertidumbre, especialmente cuando el estudiante viene de un entorno educativo diferente.


●      Nuevos espacios y referentes: Ubicarse dentro del colegio, reconocer aulas, patios y otros espacios, además de identificar a los adultos a quienes pueden acudir, también forma parte de la adaptación. A medida que el entorno se vuelve más familiar, aumenta la sensación de seguridad.


●      Cambios emocionales: Durante este periodo pueden aparecer diferentes emociones antes de asistir a clases como nervios, sensibilidad, cansancio, irritabilidad o preocupación. Estas respuestas pueden formar parte natural del proceso de adaptación. Sin embargo, más que establecer un tiempo exacto, es importante observar cómo evolucionan y si el estudiante comienza paulatinamente a sentirse más seguro en su nuevo entorno.


“Durante las primeras semanas es esperable que algunos niños necesiten más tiempo para sentirse cómodos con su nuevo entorno. Lo importante es observar que, progresivamente, vayan mostrando mayor tranquilidad, interés por asistir a clases y familiaridad con sus compañeros y rutinas. Si el malestar se mantiene, se intensifica o empieza a interferir con sus actividades cotidianas, es recomendable conversar con el colegio para evaluar qué apoyo adicional puede necesitar”, explica la experta.


Para favorecer una adaptación progresiva, las familias pueden aplicar algunas acciones sencillas para acompañar este proceso.


Claves para acompañar la adaptación desde casa 


●      Transmitir confianza frente al cambio. Los niños perciben la preocupación de sus padres. Hablar con tranquilidad sobre el nuevo colegio, destacar las oportunidades que trae esta etapa y recordar otros momentos en los que lograron superar cambios puede fortalecer su confianza.


●      Realizar despedidas cortas. Ayuda especialmente a los estudiantes pequeños a sentirse seguros, adaptarse al colegio y separarse de sus padres con mayor confianza. Es recomendable despedirse con afecto y tranquilidad mediante una rutina breve y predecible. Puede despedirse con esta frase: “Te quiero mucho, disfruta tu día. Vendré por ti a la hora de la salida. ¡Nos vemos pronto!”. Es importante no retirarse a escondidas, esto puede generar inseguridad y desconfianza.


●      Escuchar sin apresurarse a resolver. Al finalizar la jornada, es recomendable abrir espacios para conversar sobre la experiencia del día. Preguntas como “¿qué fue lo que más te gustó?”, “¿hubo algo que te resultó difícil?” o “¿con quién compartiste hoy?” pueden facilitar conversaciones más espontáneas que preguntar únicamente si hizo amigos o si le gustó el colegio. Si el estudiante no desea conversar inmediatamente, darle un tiempo de descanso y retomar el diálogo más adelante.


●      Validar lo que sienten. En lugar de minimizar el miedo o la inseguridad, es importante reconocer esas emociones. Expresiones como “entiendo que te dé nervios estar en un lugar nuevo” ayudan a que el niño comprenda que lo que siente es válido y que cuenta con apoyo mientras se adapta.


●      Evitar presionar para que haga amigos rápidamente. La socialización no debe convertirse en una meta inmediata. Algunos niños necesitan observar primero antes de integrarse. Las familias pueden motivarlos a acercarse a otros compañeros, pero respetando su personalidad y su propio ritmo.


●      Mantener estabilidad en casa. Frente a tantos cambios, conservar rutinas familiares previsibles puede aportar seguridad. Horarios definidos para dormir, alimentarse, realizar tareas, descansar y compartir en familia ayudan a que el niño tenga referentes estables mientras se acostumbra a su nuevo colegio.


●      Mantener comunicación con el colegio. El acompañamiento funciona mejor cuando familia y docentes trabajan conjuntamente. Conversar con los profesores permite conocer cómo se está desenvolviendo el estudiante en clases y en espacios de socialización, así como identificar oportunamente si necesita apoyo adicional.


La adaptación a un nuevo colegio no ocurre de un día para otro. Es un proceso que requiere tiempo, paciencia y acompañamiento tanto de la familia como de la institución educativa. Esta etapa también puede convertirse en una oportunidad para desarrollar autonomía, habilidades sociales, empatía y capacidad para afrontar nuevos desafíos.

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