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COP25: tiempo de actuar… ¿o no?

16 Dec 2019

 

Ha finalizado la 25 Conferencia de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, más conocida como COP25, celebrada en España bajo la presidencia de Chile. Madrid ha dado un ejemplo al mundo al conseguir organizar la cumbre en sólo un mes, cuando estos eventos suelen requerir hasta un año de preparación. A lo largo de 12 días, los 10 000 m2 de IFEMA han sido visitados por 50 jefes de Estado, delegaciones de 200 países, más de 20 000 visitantes, 600 voluntarios… desplazamientos que se calcula han supuesto la emisión de 65 000 toneladas de CO2 que van a ser compensadas con reducciones certificadas.

Lo que algunos calificaban de reunión “de transición” entre la COP21 de París (2015) y el inicio de su aplicación en 2020, para muchos ha sido un encuentro clave para impulsar la agenda climática ante algunos nubarrones en el panorama político. Y es que, a la retirada de EE.UU. del acuerdo alcanzado en 2015, hay que añadir la ausencia de los líderes políticos de otros grandes emisores como China, India, Rusia y Brasil.

 

Esto ha hecho que la Unión Europea haya asumido un mayor protagonismo, como puso de manifiesto en la inauguración la nueva presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. Adelantó los detalles del Pacto Verde Europeo , una hoja de ruta que comenzará con una Ley del Clima a primeros del año que viene y que nos llevará a ser el primer continente climáticamente neutro en 2050. Esto supondría que en esta fecha se emitirían a la atmósfera tantos gases de efecto invernadero (GEI) como los que absorbería la naturaleza (por ejemplo, a través de las plantas).

 

El gran objetivo de esta COP25 era avanzar en la implementación del Acuerdo de Paris, concretamente un mayor esfuerzo en los compromisos de reducción por parte de los países y el desarrollo del Artículo 6. Este artículo se refiere a los intercambios de reducciones de carbono, un mercado que se inició allá por 1997 con el Protocolo de Kioto. Son necesarios mecanismos que eviten la doble contabilidad de las emisiones (es decir, que una misma reducción no aparezca en dos balances), integrar en estos mercados tanto a naciones como a empresas (por ejemplo, aerolíneas que quieran compensar sus emisiones) y garantizar la máxima credibilidad en las verificaciones.

 

Por lo que respecta a los compromisos de reducción de los estados, estos se articulan a través de las Contribuciones Determinadas a nivel Nacional (o NDCs por sus siglas en inglés). Un reciente informe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) alertaba de que hay que incrementar la exigencia de los NDCs tres veces para lograr el objetivo de limitar el calentamiento a 2 °C en el año 2100, y más de cinco veces para limitarlo a 1,5 °C, los dos objetivos que se marcaron en París (incrementos referidos a las temperaturas preindustriales).

 

El propio Secretario General de Naciones Unidas, Antònio Guterres, propuso algunas medidas en su discurso a los asistentes: eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, poner precio a las emisiones de dióxido de carbono, dejar de construir centrales térmicas que funcionan con carbón, y que los países se comprometan a alcanzar la neutralidad climática en 2050.

 

La cumbre tuvo varios nombres propios, comenzando con Greta Thunberg. La impulsora del movimiento Viernes para el Futuro ha sido nombrada personaje del año por la revista Time por su llamada a la acción frente a la emergencia climática. En Madrid coincidió con Alejandro Sanz, Harrison Ford, Al Gore y otras muchas caras conocidas que quisieron aunar esfuerzos frente al cambio climático. Hasta el Papa Francisco dirigió un mensaje a los participantes que recibió el reconocimiento de muchos activistas.

 

Finalmente, y tras una prórroga de 36 horas ante la falta de acuerdo, el documento final (“Chile Madrid Tiempo de actuar”) no satisface las expectativas con que se iniciaba la conferencia. Se ha acordado un débil llamamiento a los países para que aumenten al alza sus compromisos de reducción de emisiones y se ha aplazado la regulación de los mercados de derechos de carbono al encuentro de 2020. Es cierto que la cumbre se inició entre numerosas dificultades, pero también que el consenso científico y la sociedad civil demandaban un mayor compromiso por parte de los delegados nacionales. En este sentido, se ha perdido una gran oportunidad de despejar el camino “climático” hacia la próxima COP26 a celebrar en Glasgow. Es tiempo de actuar, todos juntos y ahora.

Tomado de diarioresponsable.com

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